Lo que realmente distingue a Taboo es su atmósfera sombría y la construcción de un protagonista que escapa de los moldes tradicionales: brutal, culto, impredecible. La narrativa avanza con un ritmo pausado pero hipnótico, combinando elementos de drama histórico, thriller psicológico y toques místicos.
Visualmente, la serie es un deleite gótico: calles sucias, luces tenues, escenarios decadentes y una dirección artística que acentúa la sensación de decadencia y poder latente. La música y los silencios refuerzan esa tensión constante que mantiene al espectador expectante.
En resumen, Taboo no es una serie para ver de fondo. Es una experiencia que exige atención y paciencia, pero que recompensa con actuaciones brillantes, una historia intrigante y una estética única. Perfecta para quienes disfrutan de dramas históricos con alma oscura y narrativa provocadora.
